Call of Duty | Spielberg quiso dirigir la película, pero Activision eligió a Paramount

Según Puck, el director presentó su visión junto a Universal, pero sus exigencias de control hicieron que Activision optara por la propuesta de David Ellison.

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Paramount confirmó que hay una película de Call of Duty en desarrollo tras un nuevo acuerdo con Activision, pero por ahora no hay talento confirmado. Detrás del movimiento hay un capítulo menos visible: según tres fuentes consultadas por Puck, Steven Spielberg quería dirigir la adaptación y su equipo en Amblin trabajó con el ejecutor de acuerdos de Universal, Jimmy Horowitz, para presentar la visión del cineasta sobre la franquicia.

Las fuentes indican que Spielberg, reconocido aficionado a los videojuegos y en particular a Call of Duty, elaboró una propuesta de alto perfil. Ese acercamiento llevaba implícito el típico paquete contractual que acompaña a proyectos de su escala —conocido coloquialmente como el “Spielberg Deal”—, que incluye condiciones top-of-market en lo económico, el derecho a la versión final (final cut) y control sobre la producción y el marketing. Esas exigencias, siempre según las mismas fuentes, fueron las que terminaron por inquietar a Activision.

La compañía, hoy propiedad de Microsoft, prefirió finalmente la propuesta presentada por David Ellison y Paramount, una oferta que habría dado a Activision y a su nuevo controlador mayor margen de maniobra sobre el proceso creativo y las decisiones comerciales. Esa preferencia por un mayor control fue el factor decisivo para desechar la vía que proponía el equipo de Spielberg, a pesar del peso simbólico y la promesa de prestigio que representaría contar con un director de su calibre.

Es importante subrayar dos puntos administrativos y creativos que emergen de esta historia. Primero, que la existencia de un director de la talla de Spielberg en el proyecto no solo implica una apuesta artística sino también consecuencias contractuales y financieras de gran envergadura: otorgar final cut y control de marketing suele modificar la estructura de reparto de ingresos, presupuestos y calendario promocional. Segundo, que Microsoft como propietario de Activision tiene incentivos estratégicos —más allá de la mera facturación puntual— para reservarse ciertos derechos sobre una IP tan valiosa, pensando en sinergias con plataformas, franquicias futuras o integraciones con su ecosistema.

La decisión de Activision sugiere, por tanto, que la compañía prioriza mantener la gobernanza de la franquicia y administrar el riesgo comercial frente a la promesa creativa de un nombre estelar. Queda abierto el interrogante sobre qué tipo de director y enfoque elegirá Paramount: si buscará un realizador que reproduzca la grandilocuencia y la sensibilidad cinematográfica que habría traído Spielberg, o si optará por un enfoque más orientado al espectáculo de acción puro, más cercano al pulso de los juegos.

Por ahora, el proyecto sigue sin talentos anunciados públicamente, y la negociación que involucró a Steven Spielberg, Amblin, Universal y Jimmy Horowitz queda como un episodio revelador sobre cómo se toman decisiones creativas cuando convergen IP valiosa, intereses corporativos y egos artísticos. La apuesta final de Paramount y David Ellison impone un escenario diferente al presentado por Spielberg, y será clave seguir la pista de quién acabará dirigiendo y cómo se resuelven los términos de control creativo en rondas posteriores.


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